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VILLA DE REYES, México.- La voz corrió rápidamente esta semana en mensajes telefónicos y a los gritos entre compañeros de trabajo de que la automotriz estadounidense Ford había cancelado su nueva planta de 1600 millones de dólares en el centro de México.

“Cuando lo vi en el teléfono pues (pensé) «no, no puede ser»”, dijo Higinio Salazar, un guardia de seguridad a cargo de registrar el tráfico que entra y sale del lugar, y que esperaba tener trabajo por muchos meses. “Fue por órdenes del señor Trump “, añadió con amargura.

No fue así, pero aquí en la región de México donde se encuentran las plantas de ensamblado de autos se percibe que el presidente electo está cumpliendo su promesa de regresar los trabajos de manufactura a Estados Unidos.

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Las autoridades estatales de San Luis Potosí se habían enterado no mucho antes de Salazar que la promesa de 2800 empleos directos y más de 10.000 indirectos a través de la cadena de aprovisionamiento de Ford no se haría realidad.

Ford dejó perfectamente en claro que era una “cancelación definitiva” a causa de una “caída en la demanda” del Ford Focus, el vehículo que pensaban construir en la planta.

Sin embargo, la planta de San Luis Potosí había avanzado más allá de la etapa de planificación. Había grandes esperanzas en que la tercera planta automotriz en el Estado -GM produce los pequeños vehículos Aveo y Trax desde 2008, y la nueva planta de BMW prevé iniciar operaciones a principios de 2019- mantendría la tasa anual de crecimiento del Estado muy por encima del promedio nacional.

Fernando Rosales Ortuño, que vende mangueras hidráulicas para la compañía Parker, recorría el perímetro con el celular pegado al oído, tratando de lograr que se llevaran su remolque: una tienda portátil instalada para atender las grandes máquinas que preparaban el lugar.

Esperaba que cuando la planta iniciara operaciones sería su nuevo cliente. “Nos cayó como un balde de agua fría”, dijo Rosales. “Esperábamos un gran crecimiento todos aquí en el Estado y la región también.”

Los cuatro estados contiguos de San Luis Potosí, Querétaro, Aguascalientes y Guanajuato, tienen siete plantas de ensamblado ya en operaciones o que lo estarán en los próximos dos años. A su alrededor hay unos 800 proveedores de autopartes. En San Luis Potosí, entre 50.000 y 60.000 empleos dependen de la industria automotriz.

En la plaza de Villa de Reyes, la gente comentaba que la cancelación afectaría sobre todo a los jóvenes. El jubilado Ignacio Segura Rocha dijo que menos personas emigran a Estados Unidos porque la frontera se ha vuelto más difícil que en 1977 y 1978, cuando él la cruzó. La industria automotriz es una buena alternativa para los chicos que crecen en los ranchos aislados de la región. “Ya están con la ilusión de que van a ir allí, pero, al final, no hay nada”, lamentó.

Con todo, no faltaron algunas expresiones optimistas. Contemplando los enormes camiones que se llevaban los bulldozers, el guardia Juan González dijo que el sitio no quedará vacante por mucho tiempo. “Si no son de Estados Unidos, pueden ser de Japón, China”, dijo. “Esto va a seguir.”

Otra opción sería que México se vuelva hacia adentro y se concentre en desarrollar su mercado interno, dijo Roy Campos, presidente de la consultora Mitofsky.

“Tarde o temprano, por la cercanía y por la frontera, por las relaciones personales, las relaciones humanas, la relación México-Estados Unidos va a volver a ser igual o más grande que antes”, aseguró. “Así que mientras, desarrollar otros mercados puede ser muy benéfico para México.”

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