PARÍS.- Donald Trump dejó ayer París tras una visita de dos días cargada de simbolismo y gestos de amistad con su anfitrión, Emmanuel Macron . Pero la intensa actividad diplomática de ambos dirigentes no permitió disipar las numerosas incertidumbres que suscita la actual política de la Casa Blanca.

Prevista desde hace tiempo -mucho antes de la llegada de ambos presidentes al poder-, la conmemoración del centenario de la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, debía permitir ilustrar la solidez de las relaciones históricas entre París y Washington.

Ese objetivo fue ampliamente alcanzado. Macron y Trump, que habían decidido dejar de lado sus divergencias e insistir sobre los puntos consensuales, multiplicaron gestos de afecto, amistosos apretones de manos y sonrisas.

Trump y Macron, ayer, relajados durante el desfile militar en París. Foto: Reuters / Charles Platiau

“Nada nos separará nunca”, declaró Macron al término del desfile del 14 de julio, que incluyó esta vez unidades estadounidenses.

Igual a sí mismo, Trump tampoco escatimó gaffes. Por ejemplo cuando, al querer elogiar a Brigitte Macron, le dijo que estaba “en superbuena forma”, aludiendo sin duda a los 64 años que tiene. También fue incapaz de apreciar la original actuación de la banda militar francesa, que tradicionalmente cierra el desfile del 14 de julio y esta vez lo hizo con una coreografía especial al ritmo de una selección de canciones actuales incluyendo al grupo Daft Punk. Contrariamente a Macron que, sorprendido, manifestó rápidamente su entusiasmo, Trump permaneció de hielo.

Poco antes, sin embargo, había aplaudido con entusiasmo un desfile militar que no pudo obtener en su propio país cuando fue investido en enero, para después evocar una relación franco-norteamericana “más fuerte que nunca”, al día siguiente de una cena “entre amigos”, en el restaurante Jules Verne de la torre Eiffel.

La mayoría de los analistas coinciden: las manifestaciones de amistad entre Trump y Macron parecieron ir más lejos del mero simbolismo: “En ese encuentro, cada uno intentaba reforzar su propia legitimidad”, opinó Dominique Moisi, especialista de relaciones internacionales.

Para Trump, debilitado con las nuevas acusaciones de colusión con Rusia que implican a su hijo mayor, los dos días en París fueron una oportunidad de regresar fortalecido. “Podrá decir a sus detractores: «Ustedes me ponen obstáculos a causa de mis relaciones con Rusia. Miren cómo Macron, que no puede ser sospechado de complicidad con Vladimir Putin, me recibe con honores y con alfombra roja. ¿No creen que ustedes están yendo demasiado lejos?»”, subraya Moisi.

“Nada nos separará nunca. La presencia hoy a mi lado del presidente Trump… es el signo de una amistad que perdura””” Emmanuel Macron, presidente de FranciaCompartilo

Para Macron, la visita del presidente norteamericano, antes de ir a Alemania o a Gran Bretaña, le permite presentarse como el primer punto de contacto de Washington en Europa.

Para muchos observadores, Macron colocó a París como “capital del mundo”. Anteayer por la mañana había recibido a Angela Merkel y por la tarde, a Trump. “Francia se presenta así como un puente entre Europa y Estados Unidos, mientras su relación privilegiada con Berlín le permite aparecer como el interlocutor ideal del bloque”, analiza Moisi.

Sin embargo, más allá de los gestos y las declaraciones de amistad, varias cuestiones quedaron en suspenso. Ambos países, que combaten juntos a Estado Islámico (EI) en Irak y Siria, y contra los grupos jihadistas en África, reafirmaron su determinación de terminar con el terrorismo. Pero nada definitivo parece haber sido decidido sobre la financiación de la fuerza conjunta africana del G-5, que debía ser evocada por Macron en estos dos días.

El monto de esa operación, estimada en 432 millones de euros, sólo cuenta con 50 millones prometidos por la Unión Europea (UE). Esta semana, el Palacio del Elíseo confirmó que esperaba un “aumento del apoyo internacional y, sobre todo, de Estados Unidos”.

En cuanto al Acuerdo de París sobre el clima, principal punto de discordia entre París y Washington, Trump pareció abrir la puerta a un eventual retorno de Estados Unidos al texto, aunque no dio ninguna precisión. Según responsables franceses, esa sigue siendo la gran divergencia. También perduran las diferencias en el terreno comercial, donde Trump insiste en su política de “Primero Estados Unidos”, mientras Macron defiende un libre intercambio, asociado a medidas de lucha contra el dumping social.

“Superdiscusiones con el presidente Macron y sus representantes sobre comercio, ejército y seguridad”, dijo ayer Trump en Twitter, sin dar más detalles. Para quienes conocen al presidente de Estados Unidos, la ambigua frase puede tener infinitas interpretaciones.

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A pesar de las divergencias, Macron logra sintonía fina con Trump
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